Introducción, David Simon pp. 7-46, en AA.VV. The Wire. 10 dosis de la mejor serie de la televisión. Ed Errata Naturae. Madrid 2010.

(…) “Durante medio siglo, las cadenas de televisión han centrado sus programas alrededor de la publicidad, y no al revés, como podrían pensar algunos.”
(…) “Lo primero que tuvimos que hacer fue enseñar a la gente a ver la televisión de una manera distinta, a hacer un alto para prestar atención, a sumergirse de una manera que el medio no exigía desde hacía ya mucho tiempo.”
(---) “Por su parte, The Wire tenía otro tipo de ambiciones. Francamente, nos aburría tanto bueno y tanto malo. En la mayor medida posible, intentamos rehuir esa temática.
“Después de todo, a excepción de los santos y los sociópatas, son muy pocos los terrícolas que presenten algo más que no sea una confusa y corrupta combinación de motivaciones personales, casi todas egoístas y algunas incluso hilarantes.”
(…) “En su mejor versión, nuestras metrópolis son la suprema aspiración de la comunidad, las depositarias de los mitos y esperanzas de unas personas que se agarran a los lados de esa pirámide que es el capitalismo. En su peor versión, nuestras ciudades (o esos lugares de nuestras ciudades donde la mayoría de nosotros dejamos nuestra huella) son recipientes de las contradicciones más oscuras y de la competencia más brutal que subyacen en la manera como convivimos, o como no conseguimos convivir.”
(…) “Si son historias duras, al menos están contadas con cariño, de una manera matizada y afectuosa para con todos los personajes, y así, independientemente de lo que los telespectadores puedan opinar sobre policías y camellos, drogadictos y abogados, estibadores y políticos, docentes y periodistas, o sobre cualquier otra alma que pase por el universo de The Wire, sabrán que, en el fondo, forman parte integrante de la misma tribu, que comparten las mismas calles y que están comprometidos en la misma lucha atemporal.”
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